El invierno enfría los movimientos, cuartea sentimientos y abre el suelo con una gran grieta cuyo fondo es invisible... El boleto de ida sin la vuelta, melancólicas miradas que desordenan la tenue luz de la mañana son los luceros del camino infinito... La última intersección, el sabor agridulce del beso guardado en el bolsillo, los brazos envolventes que exhalan mucho más que bióxido de carbono... Olvidar, palabra complicada, el librero de recuerdos cada vez se extiende más, el tiempo borrará las huellas húmedas y al amanecer el mar se llevará consigo el canto de las sirenas que hizo perder a los marineros su rumbo en cierta ocasión...
1 Comentarios,¿Comentas?:
No me gusta el invierno. Hay poca vida visible.
Un abrazo, Isidro.
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