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Media hora

Cuento publicado en la revista literaria Gargantúa de la Universidad del Claustro de Sor Juana.  Descargar pdf, aquí.





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Somos

Somos aquellos que visitamos en tranvía al olvido, los que escribimos nostalgias, los que acentuamos las melancolÍas. 
Las sombras nos gustan, nos perdemos en la luz, acariciamos las palabras con las miradas diáfanas hacia el mar. 
Vamos a la deriva, al capricho de los latidos del viento, no nos importa a dónde lleguemos si encontramos lo que buscamos. 
Nos reconocemos por los puntos suspensivos del corazón y la mente . . . Nos miramos en un pasillo del metro y seguimos de largo, cómplices de la fatiga de la rutina, hartos del plástico y de los vacíos que crecen en las ciudades. Fastidiados de la infertilidad del asfalto para los versos sin dueño.
Pretendemos volar con algunas frases, viajar junto con la brisa y ser respirables para buscar algún suspiro.
Caminamos física y geográficamente aislados, pero en las soledades nos cruzamos y sabemos que estamos uno del otro tan solo tras la ventana, de esa inmensa ventana vitral empañando los vidrios con la lejanía de cada exhalación.

Ofrenda

La atmósfera naranja mece las flamas y un aroma del ayer surge bajo la tierra fría. Entre sombras, un destello se refracta en los vasos con agua, se ven pálidos los colores del arcoiris.
Las flores de los antepasados perfuman los huesos etéreos, la caña, el vino, el amor al pretérito.
Las fotos amarillentas tienen un leve movimiento interno, mientras que las frutas se mueren en la noche. 
La densidad del aire aumenta y se percibe movimiento. Un estremecimiento recorre cada vértebra. Se sienten respiraciones a nuestras espaldas, desde el abismo, en la niebla mental. Es entonces cuando sabemos que desde algún lejano lugar la ofrenda ha sido recibida.

De luz

El círculo de fuego se conjuga con los últimos rayos que el sol deja asomar. Los grillos gimen en las sombras del pasto y el viento tibio recorre de sur a norte. Son remolinos inciertos, sangre helada que cae en cada gota de lluvia. 
Los de arriba, los de abajo y los de en medio transitamos juntos, unos más vivos que otros, unos más sabios que otros, pero todos juntos, entre lo físico y lo etéreo. No hay idiomas para comunicarse, solo percepciones, sólo oscuridad y luz. 

Tanta luz que ciega.