26 jun. 2010

Escalofrío

Las nubes se conjugan en colores grises, anuncian tormenta e inundan la ciudad con olor a humedad. La realidad loca firma factura de las mentiras causadas por la cruel tempestad, el eclipse de ideas se alimenta de miedos y tinieblas. 

El frío inoportuno estremece la piel y la oscuridad se mezcla con lo que existe pero que no se ve. 

Hay ruidos tras la escalera, una sombra en la madera, gritos agudos que taladran los dientes de las bocas enmudecidas. Los labios se amarran al silencio ensordecedor que se antepone a la aurora. 

Un idioma ajeno espía nuestras palabras y ensucia la pantomima del arte corporal, al mismo tiempo que se imaginan situaciones turbulentas que acentúan la ansiedad. 

Al final, las velas se apagan con el viento, las miradas invisibles se esfuman, el vaso de agua se consume, las trompetas celestiales suenan en el claro del alba y se disipa todo, y todo vuelve a ser como antes fue. Una vez más.